Justicia y Paz e Integridad de la Creación

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El servicio de JUSTICIA Y PAZ
e INTEGRIDAD DE LA CREACIÓN (JUPIC)
es un compromiso para promover
los valores del Reino de Dios.
Esos valores incluyen
“la dignidad de la persona humana
y sus valores intrínsecos”.

La actitud básica de JUPIC es comprometernos en la transformación de la sociedad que nos rodea, la promoción de la dignidad humana y la preservación del medio ambiente, en vez de permanecer callados ante las injusticias humanas y la destrucción del medio ambiente que sigue asolando nuestro mundo.

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Desde hace años el Roque González está practicando la solidaridad, tarea que involucra a toda la comunidad Educativa.

Los pobres ocupan un lugar privilegiado en el Evangelio, así mismo, los integrantes del grupo de “Justicia y Paz e Integridad de la Creación” (JUPIC), nos vemos obligados a promover la justicia, seguir el Evangelio de Cristo en solidaridad con los pobres y oprimidos.

La coordinación de la PASTORAL JUPIC, está a cargo de algunos profesores y la participación de los alumnos de EGB 3 y Polimodal, quienes llevan a cabo campañas solidarias de: pañales, alimentos, abrigos, ferias de platos, reciclajes de papel y cartones, etc.

Además, junto a la FAMILIA VERBITA, colaboran con la BICICLETEADA SOLIDARIA del Roque, la cual tiene gran convocatoria por parte de alumnos, como de los padres, lo que permite una gran participación de la sociedad, uniéndonos todos en un acto de solidaridad. Todos los alimentos no perecederos, recaudados en la inscripción de esta gran Bicicleteada Solidaria, son destinados al Hogar de Niños de Parada Leis y comedores de la Parroquia de Villa Cabello.

Otras de las actividades que se realiza a lo largo del año, es la visita a los niños y jóvenes del Hogar de niños “Antonio Seep” de Parada Leis. Cada sábado se va al encuentro de ellos, donde se comparten actividades recreativas y de catequesis. Nosotros creemos, que más que llevar mensajes de esperanzas, recibimos de ellos mucho más, ya que nos llenan con sus sonrisas y nos esperan con los brazos abiertos para compartir una verdadera amistad.

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Los orígenes de JUPIC

El trabajo por la JUPIC requiere una opción consciente entre valores opuestos. Por una parte, nuestro mundo valora el poder y el dinero. Está dispuesto a utilizar la violencia, la fuerza, y el explotar a la gente y a nuestro planeta para obtenerlos. Por otra parte, “…el Reino de Dios es… justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rom 14,17). Busca el bienestar de todos, incluyendo el de los pobres, los marginados, y los que sufren. Jesús nos dice que entre ellos encontramos a Dios (Mt 25,31-46).

“Los pobres tienen un lugar privilegiado en el Evangelio. En un mundo profundamente desgarrado por la injusticia e indignas condiciones de vida, la fe nos llama a reconocer la presencia de Cristo en los pobres y oprimidos y a comprometernos por que se establezcan la fraternidad y la justicia entre los hombres y sean vencidos el egoísmo y el abuso del poder”.

Así el servicio de JUPIC es un compromiso para promover los valores del Reino de Dios. Esos valores incluyen “la dignidad de la persona humana y sus valores intrínsecos”.

El trabajo por la justicia, la paz, y la integridad de la creación también requiere atención a las injusticias que ocurren alrededor de nosotros. Hemos oído a menudo que dar un pescado a una persona hambrienta es mucho menos importante que enseñar a esa persona a pescar. Sin embargo, aún el enseñar a alguien a pescar puede no ser suficiente. En cambio, puede ser necesario apoyar a los pescadores cuando las corporaciones multinacionales y los gobiernos les quitan el derecho a pescar o compran los pescados a precios injustos. “No solo luchamos contra el hambre, la ignorancia y el atropello de los derechos humanos, sino, y ante todo, contra el pecado que radica en el corazón del hombre, en el cual vemos la causa mas profunda de las estructuras y sistemas opresores que provocan estos males”. Esta tarea requiere no solamente atención sino también discernimiento.

El trabajo por la justicia y la paz requiere la fidelidad y el compromiso, no el éxito. Los profetas del Antiguo Testamento tales como Amós o Jeremías también experimentaron el fracaso cuando denunciaron la injusticia y proclamaron la Buena Noticia. Aunque se sentían abandonados y parecía que nadie les prestaba atención, seguían siendo fieles a Dios y a su misión. Porque ellos mismos fueron trasformados por lo que oyeron y proclamaron. Si nos dejamos tocar por la Palabra de Dios y nuestra misión, nuestras propias vidas -como también las vidas de otros- serán transformadas. De modo que no tenemos que preocuparnos por ganar o perder sino por el Reino de Dios y sus valores. En la lucha por la justicia sabemos que “el Evangelio de Jesús hace la exigencia innegociable de que trabajemos por la justicia y la paz en el mundo, pero no exige que ganemos. No siempre sabremos qué estrategia política es la mejor, pero sabemos que Dios cuida de todas las víctimas, que Jesús está firme en medio del fracaso, y que sólo cuando estamos también allí somos fieles al Evangelio”.

En la medida en que comprometamos nuestras vidas en el trabajo por la justicia, por la paz y el proteger la integridad de la creación, nos daremos cuenta cada vez más de que el mundo no es simplemente una parada temporal en el camino al paraíso. El sermón que Jesús dio en Nazareth al principio de su ministerio público, puso en evidencia un compromiso para cambiar las situaciones de sufrimiento que él encontró. Según la narración de Lucas, Jesús citó las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19).