JORGE KEMERER
(1908-1998)

-Biografía-_
 

Había nacido en un hogar campesino, muy laborioso y humilde a la vez, cuyos orígenes se remontan a los alemanes del Volga. Nació en la Aldea San Rafael, provincia de Entre Ríos, el 13 de setiembre de 1908. En total eran 14 hermanos. Estudió en el Colegio Guadalupe de Buenos Aires y luego en Roma, donde fue ordenado sacerdote el 30 de octubre de 1932.

Jorge Kemerer, sacerdote de la Congregación Misionera del Verbo Divino, fue elegido para ser el primer obispo de la nueva diócesis de Posadas, que abarcaba toda la provincia de Misiones. Fue el pastor que recorrió todos los rincones, tratando de no olvidarse de nadie. Procuró ser voz de los que no tenían voz, en especial de los ciegos e indígenas. Fue el “pastor diligente” en todas las necesidades de la comunidad, en un ambiente complejo, ya sea por la ubicación limítrofe, con las dificultades de las comunicaciones y sobre todo, por la increíble superposición de razas y nacionalidades y la no menos extensión multiforme de religiones y sectas. A todo dedicó sus esfuerzos, a todos escuchó con atención, ninguna situación fue ignorada. Atendió a todos sin mirar a quien. Todo lo hizo sin esperar elogios ni mostrar ostentaciones de un merecido reconocimiento. A Mons. Kemerer le cupo atender los 30.000 kilómetros cuadrados de extensión geográfica y más de 700 mil habitantes de todas las razas.

Primeramente, cuando los Misioneros del Verbo Divino llegaron a Misiones, en el año 1898, eclesiásticamente pertenecía al arzobispado de Paraná, pasando luego a depender de la diócesis de Corrientes. Después de los jesuitas, la Segunda Evangelización correspondió a los Misioneros Verbitas a la que perteneció Mons. Kemerer. El 6 de julio de 1957 llegó a la sede posadeña, desde la Basílica Guadalupe del barrio metropolitano de Palermo, donde era párroco.

Casi durante tres decenios, ejerció la noble y delicada labor episcopal, con sabia ubicación mental, práctica de estrategia de lugares, de personas, de comunidades sobre todo, pero sin olvidar a nadie. Era, es claro, un ambiente que ya había vivido antes, por años como sacerdote misionero, maestro, como párroco de la Catedral de Posadas, organizando e impulsando siempre, sin cansancios.

En lo evangélico: dotado de especial preparación, más su propensión natural por servir, siendo testigo de Cristo, había trabajado en Posadas a su llegada hacia 1937, en el desaparecido colegio San Miguel que él refundó, pero con el nombre de Colegio Roque González, asumiendo como primer director y maestro de escuela.

Más tarde actuó como rector del Seminario de Corrientes y finalmente párroco de la Basílica Espíritu Santo de Palermo (Buenos Aires). Respondía, por lo demás, a una sólida formación religiosa sustentada con sus estudios en Roma, que le concediera el rango de doctor, trasluciendo su conocimiento del Evangelio con una oratoria sagrada llena de mensajes.

Con gran respeto a las otras religiones y creencias ajenas, procuró asimismo la colaboración del laicado en la acción evangelizadora de la Iglesia, según ideas que él mismo había llevado al Concilio Vaticano II.

Creó parroquias y animó a las comunidades a tener sus capillas y a la vez, creó el seminario diocesano Santo Cura de Ars, fomentando la formación de clero local.


Mons. en uno de sus viajes apostólicos.
En el interior de la provincia, El soberbio.
Después de haber recorrido parte del trayecto en lancha
debe continuar en carreta.
En el fondo el Río Uruguay.

 

Educación:
Fue quien más hizo por la educación de Misiones, en los aspectos materiales y del orden favorable al éxito de la enseñanza, con amplio criterio ecumenista y el afán de servir a todos, con ese sentido de apertura que más es valorado por los que observan ecuánimemente. Maestro en la práctica escolar, de hecho, supo interpretar con todo valor el mandato divino, aún más allá de sus posibilidades. Fueron numerosos los establecimientos educativos de todo nivel, inicial, primario, secundario y hasta terciario, sin descuidar otros novedosos estudios de extensión que juzgó indispensable, de modo que no escapase lo factible.

En Posadas, creó el Instituto del Profesorado Antonio Ruiz de Montoya, primero en el Nordeste, con un elevado número de carreras, que se impuso en el medio por la genuidad de su acción, con edificio funcional y moderno y más de tres mil egresados, desde 1960, que sirven en todos los ámbitos sin exclusiones. Hubo egresadas israelíes y medalla de oro a una budista.

El Bachillerato Humanista Moderno, con estructuras de alternativas distintas, con su edificio propio también. El Instituto Politécnico Arnoldo Janssen, el Centro de Rehabilitación del Ciego, las innumerables escuelas primarias y secundarias parroquiales, que supo captar los resguardos acordados por la libertad de enseñanza acordada en 1958. Todos con edificios propios, que no costaron erogación al Estado, salvo las sumas previstas para pagos de personal. Obras que cuentan con la garantía de una enseñanza inspirada en los preceptos cristianos, de mayor atracción por los progenitores que buscan una educación moral.

Las aldeas indígenas
En el mayor silencio, cuando ya se había escuchado como latiguillo de la vida ciudadana las vanas promesas de “proteger a los primitivos de esas tierras”, Mons. Jorge había obtenido tierras y recursos que le permitieron organizar dos aldeas de naturales Mbyá, con todos los medios a su alcance para procurar la dignificación humana de una vida organizada. Se crearon medios de labor, escuelas bilingüe, con apoyo cristiano, pero sin cercenar sus creencias ancestrales. Fracrán, iniciativa de la Hna. Gemnea que había conseguido para los aborígenes unas 500 hectáreas y Perutí obra iniciada por el padre Arnoldo Marquart, a quien se debe los primeros contactos para la reorganización, que en ambos casos trató de llevar adelante el obispo diocesano.


Monseñor Jorge visitando el interior

 

Un espíritu de identidad
Supo tener en cuenta en sus emprendimientos los recuerdos y las historias de estas tierras. Por eso a la continuación del antiguo colegio San Miguel lo llamó Roque González de Santa Cruz y al Instituto lo denomina Ruiz de Montoya, personalidades promotoras de las reducciones jesuíticas.

Acción ciudadana
Su preocupación por el prójimo queda de manifiesto en los momentos difíciles que vivió nuestra patria. Sus gestiones en favor de la libertad de presos políticos en época de desenfreno, salvó muchas vidas. ¡Cuántos viajes y pedidos de audiencia ante diversas autoridades! Las penurias que debió soportar en los años de mayor labor se reflejan en el retiro de emérito donde dialoga con el Cristo que le llamó y le encomendó una misión apostólica.

Su armadura fue la fe y la constancia y sus armas, una acción misionera efectiva y consecuente. La recompensa la da el Señor a los que aman de verdad.

Dios lo llamó el 26 de junio de 1998 , a los 89 años.

Prof. José Margalot

 


Recordando a Mons. Kemerer en una visita en el interior

 

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FUENTE: “Cien Años de la Segunda Evangelización en la Tierra Colorada”, Lorenzo Bovier SVD. Congregación del Verbo Divino. Posadas, 1998.

Instituto Roque González