Acá estamos, después de 40 años

Exalumnos se encuentran para celebrar sus 40 años. Discurso pronunciado el sábado 5 de noviembre de 2016. Egresados de la Promoción N° 24, año 1976.

No soy tímido, me gusta expresarme, pero cuando se trata de los afectos y del inmenso amor que tengo hacia mis compañeros, llegar acá, verlos a todos orgullosos, satisfechos y felices de alcanzar esta meta, poder mostrarles a nuestros hijos, familiares y amigos, que renovamos la amistad. Que desde hace algo más de 4 años arrancamos con Roque y César, la idea de volver a integrarnos. Cada mes, nos juntamos 1 o 2 veces para charlar, recordar, sentir alegrías, nostalgias, relatar nuestras aventuras y desventuras. Empezamos sólo dos o tres, y así se fueron sumando, llegando a juntar a todos los que hoy nos acompañan. Se me hace un nudo en la garganta y posiblemente me quede sin poder terminar.

Deseo compartir las ganas con que nos pusimos a organizar esta reunión, desde hace más de un año.

Este septiembre en lo de René, pensábamos en cómo queríamos que fuera este día, y me dije: hay compañeros que son locutores, hablan lindo y bien. Así que mejor yo no hablo. ¡No voy a poder! les dije.

Hablá vos, me dijeron varios. Me miraron y ya me hincaron el desafío. Me conocen; «está bien, si no podés lo hago yo” me dijo uno, largando una bocanada de humo y desafiándome con la mirada, y ya no pude con mi genio. Me fui a dormir y mi cabeza siguió trabajando. Aparecieron imágenes, recuerdos y sensaciones. Me permití imaginarme acá, celebrando estos 40 años. Y comencé a preguntarme: “¿Y por qué no? Es preferible sacar mis emociones frente a mis seres queridos, antes que guardármelas”.

Al salir por estas puertas, hace 40 años, teníamos el mundo por delante. Estaba todo por hacer. El único límite era el propio deseo. Y tuvimos temor, nos tocó la colimba a los 18 años, con un fusil en las manos. Democracias, golpes de estado, temor al conflicto con Chile, impotencia ante la guerra de Malvinas, dieciséis presidentes y treinta y cinco Ministros de Economía, o sea, temor y horror. La pasamos todas.

En cada asado nos falta tiempo para seguir hablando, aunque hay uno, que ya se contó todo, de cuando era granadero y hacía con el tambor tarán, rantatán… Una noche entera si parar habló, y casi sin usar celulares, mirándonos y atendiéndonos unos a otros, casi como en casa. Usamos el Facebook, el Whatsapp, tenemos nuestro espacio, hasta en esto nos adecuamos.

Pasamos por estas aulas, de aprender a sumar con el Hermano Tarsicio en 1° Grado, a desfilar con Pacho, Tito K, a aprender a usar una PC; del viejo y negro teléfono a sofisticados celulares; de una milagrosa TV en blanco y negro, a Led de 80 pulgadas. De escuchar discos de vinilo a casettes, CD, pendrive e internet.

Nuestros “asaltos” (bailes en casa de amigos, no piensen mal), para juntar fondos y poder hacer el viaje de egresados (que nos bancamos nosotros, sin manguear a nuestros viejos, el desfile de Ante Garmaz en El Prado, las peñas, vender entradas, lavar autos, negociar conviaturex, tantas otras.

Cómo desfilábamos, blazer azul, zapatos negros lustrados, camisa manga larga, corbata. Se les iba el ojo a las chicas, algunas de las que están hoy, y se deben acordar, ¿no?

Y superamos, dejamos atrás el miedo a vernos después de tantos años. El miedo a encontrarnos. Superamos el temor a contraponer lo que somos, con lo que quisimos ser. Mostramos nuestras canas y las llevamos mejor, los cambios físicos: gordos, pelados, achacados, golpeados, impedidos, al que vamos a operar, dejaron de ser complejos, para convertirnos en compinches, aliados inobjetables y a toda prueba.

No sabíamos muy bien quiénes éramos, nos estábamos encontrando, creíamos que el éxito era sólo laboral y material, y con los años vimos que no es así, que lo que importa es como somos y la respuesta la encontré en una frase de Pablo hacia Jorge en el Whatsapp: “Lo importante es la trayectoria estudiantil, vaya si nos pusimos las pilas y salimos a flote”. A la que respondí: Sí, todos salimos bastante bien, «Normalitos», «Evolucionamos».

Si retrocedo en el tiempo, a los años dentro de estas paredes, saltan miles de recuerdos, a mí me quedaron algunos fundamentales: los íntimos del grupo no los voy a contar acá; nosotros revivimos las anécdotas en cada encuentro. Pero los sábados era ping-pong en el subsuelo, sacar las bici y recorrer la ciudad, el «fulbo» como decía el querido «Pacho», los campeonatos en la Quinta del Roque, la pileta, la adolescencia, nuestra rebelión en las aulas. Los que afuera fumaban a escondidas, las primeras andanzas y picardías. Los cumple de 15, de saco y corbata o no entrabas, ir al cine, los matiné, escuchar música: Beatles, Vox Dei, Pink Floyd, Credence, Deep Purple, y me quedo corto, frente a nuestros propios músicos… ¡Qué lindo! Qué lindo del verbo lindo, ¿no Jorge?

Y no vamos a hacer apología de las macanas que hacíamos, frente a nuestros hijos y algunos nietos, no, no.

Aún recuerdo unas marchas de silencio, un Fiat 600 en la vereda, el viaje de egresados, el gran Papá (el Tío) mi amigo Andrés Gómez Galeano. El Dr. Víctor Hugo Martínez, la Visoski, el amigo de Fisica Química González (un capo), Boichuk, Jopito, Sisto, Muhn, Bonifato, Schomfer, Matiauda, Chichi, Marina, Marisa, Solís, Franchosca… no puedo nombrar a todos, me disculpo, pero están todos en nuestros corazones.

A esta altura, no necesitamos hacer un balance de nuestras vidas, vemos que en nuestro interior somos los mismos, se lleva ese niño, ese adolescente adentro. Me doy cuenta que lo de afuera es solo una cáscara, que lo nuevo es lindo, pero lo viejo vale. Que nuestras canciones hoy se siguen escuchando, que nada es fácil, ni tan difícil. Nuestros años fueron felices, lo son y seguirán siendo.

Yo siento que el Colegio nos inculcó que el conocimiento es el fruto del razonamiento. Y en ese razonamiento existía la posibilidad de arriesgar, equivocarnos, porque esa era la manera para acceder al saber. Yo cada mañana pasaba por la capilla para hacer mi oración y a pedir perdón por mis faltas y a rogar que no me tomaran lección en tal o cual materia, pero aprendí a pensar, a cuestionar, ver otra vuelta a las cosas. Y principalmente, creo que este colegio nos inculcó la conducta, el respeto, el esfuerzo por saber.

Me apasionaba Historia, cuando la Visoski contaba sobre los griegos, egipcios, romanos, mi mente volaba, me sentía allí, observando todo en ese relato apasionante que ella hacía, nunca me aburría, siempre esperaba estar, al día siguiente listo para una nueva aventura.

Algo nos une, algo sucedió en aquellos 12 años acá, dentro de este colegio; y han sido lo suficientemente fuertes para hacernos estar hoy, acá, después de 40 años.

Esto está grabado en nuestra memoria y serán el motivo de alegría en nuestras próximas reuniones. Y los aliento a seguir así por muchos años más, hasta el 2026.

Gracias amigos, los quiero.

Marcelo Mascarino