Busca en tu corazón el camino a seguir

Jornada espiritual docente, 8 de mayo 2021

Después de una celebración, el P. Juan Rajimon nos convocó a un grupo de profesores para organizar una jornada. He ahí que, como nuevo integrante de la institución, me vi ante un hermoso desafío y pensé que era una gran oportunidad para conocer e integrarme a la comunidad educativa. En ese momento no dimensioné la exigencia de la tarea que se me encomendaba, ni tampoco lo que había atravesado la institución durante un año de pandemia (Covid-19).

Por eso, si se iba a convocar a un encuentro, pensé, que se debería cuidar el modo de invitar, como así también la temática y la metodología de la jornada. Así fue que se formó un equipo que preparó los mínimos detalles de recepción, bienvenida, animación y el desarrollo de la jornada. En cada una de las reuniones podíamos sentir que el entusiasmo iba creciendo. Intuíamos que había algo en nuestros corazones y en el corazón de la comunidad educativa, había sed de encuentro, de diálogos y de miradas profundas que animen a seguir andando.

Llegó el día y, confiando en la humanidad de cada uno, después de presentarnos grupalmente comenzamos a entibiar el corazón con el canto y la poesía. Los poetas son los que les ponen palabras a las experiencias vitales que atravesamos y que no siempre podemos nombrarlas. Con la canción “Busca en tu corazón”, nos animamos a abrazar nuestras vivencias post pandemia, es decir, las que emergieron con fuerza al comenzar el confinamiento hasta ese momento. Nos hicimos estas preguntas: ¿A qué personas cuidé y cuáles sentí que me cuidaron a mí? ¿A qué personas me gustaría haber cuidado o estar cerca ellas? ¿Cuáles son mis miedos? Tomamos nota y después las compartimos de a dos.

El corazón se nos fue ensanchando y fuimos encontrando el camino a seguir. Nos dimos cuenta lo importante de nuestra vida, así tan frágil y potente a la vez, y de la importancia de la vida de los demás. De aquellas cosas por las que tenemos que luchar y no dejar de intentar para lograrlo. Pero no nos quedamos sólo con nuestra experiencia, sino que nos dejamos iluminar por la de Jesús, el gran maestro de la vida. Para eso cosechamos lo que el Papa Francisco regaló a toda la humanidad, la carta encíclica “Fratelli Tutti” sobre la Fraternidad y La Amistad social. Esta fue una perlita que el Papa publicó en octubre del 2020 en plena pandemia, dándonos algunas claves como guía para no perder el camino en la construcción de la fraternidad universal. Francisco pone de relieve la parábola del “buen samaritano”, y la pregunta de Jesús ¿Quién se comportó como prójimo? Hay que hacerse prójimo, esto significa hacerse cercano del que está solo y abandonado.

Después de dialogar en grupos, cosechamos distintas perspectivas que cada uno fue aportando y compartiendo. Terminamos esa parte, antes de la celebración de la Eucaristía, cantando “Mira hacia tu alrededor”. Mientras cantábamos, nos mirábamos de manera distinta, sabíamos que habían manos que nos podrían levantar, voces que nos iban a animar, lo sentíamos convencidos, como el latido de nuestro corazón.

Prof. Luis Alberto González


El tesoro del reencuentro

Todo encuentro suscita algo en nosotros, pues nunca somos los mismos luego de una reunión o acercamiento. Así también, los tan anhelados encuentros post pandemia, nos permitieron re(encontrarnos) desde otro lugar, desde un entusiasmo y expectativa renovados. Como si se tratara de ese ser querido al que no vemos hace mucho tiempo, cuando tenemos la dicha de abrazarlo, nos invade la emoción, e incluso una suerte de adrenalina. Porque sabemos en nuestro corazón cuánta falta nos hizo, cuánto lo extrañamos en ese período en el que no pudimos verlo. Y entonces, somos capaces de valorar verdaderamente ese momento, viviéndolo al máximo.

Creo que algo de eso se vivió en la primer Jornada Espiritual de la institución luego del confinamiento. En lo personal, la curiosidad y expectación se vieron acrecentadas por ser mi primera experiencia de este tipo en el colegio. Sin embargo, sospecho que no fui la única, hasta me atrevo a decir que muchos de los participantes experimentaron una sensación similar. El sonido agradable de la música al llegar, el murmullo de las voces alegres y entusiastas, algunas miradas indescifrables, así como el rumor de los pasos entonaban una melodía que se gestaba como la antesala a lo que estaba por suceder.

De hecho, nadie sabía exactamente qué pasaría, ni siquiera aquellos que orquestaron la jornada. Pero acaso, ¿no es esa la sazón de todo encuentro humano? Y más aún si abrimos el corazón al Señor, quien no se deja ganar en su capacidad de sorprendernos. Todo encuentro con Él es, sobre todo, un encuentro profundo con nosotros mismos y con los demás, que muchas veces nos deja más interrogantes que respuestas, pero nos da la fortaleza y la luz para hacer camino en busca de ellas. Esta Jornada Espiritual no fue la excepción, ya que mediante una serie de preguntas de profundas resonancias, nos permitió acercarnos al que tenemos al lado.

Contamos con una oportunidad que no es muy común en otros espacios, pero que cada uno tuvimos el privilegio de saborear. Tener un verdadero encuentro con el prójimo, con aquel que vemos todos los días en el trabajo: conocer más de su vida, sus dolores y alegrías, qué lo motiva, pero también qué lo desanima en su diario andar. En los ojos de cada uno, pude ver más allá de un compañero de trabajo, a una persona en toda su humanidad. En esa simpleza del estar reunidos en círculo, codo a codo, en esa cercanía física que un tiempo atrás no teníamos ni idea de cuando volveríamos a vivir, se gestó un momento único, que tendría su cosecha en los pasos futuros que eligiéramos dar, ojalá que dejando huellas, como las que ese día dejó en nuestros corazones.

Fátima Dutra