Educar en la afectividad desde el amor y la firmeza

«La educación es un acto de amor, es dar vida”
(Papa Francisco)

Educar a los niños es una de las preocupaciones más relevantes que tiene hoy en día la familia, como así también la escuela; quien asume la tarea de acompañar a los padres en este desafío, de formar íntegramente a los hijos.

Como institución educativa, hemos comenzado a trabajar con “Talleres para padres”, buscando de alguna manera, contribuir con las familias en la educación de los niños, en una afectividad estable, serena y equilibrada, mediante la cual, los niños puedan establecer relaciones sanas con su entorno más próximo, y a posteriori, dentro de la sociedad.

El equilibrio afectivo-emocional permite al niño alcanzar una personalidad madura, y ya que este proceso evolutivo integra y armoniza diversos aspectos, la educación estará orientada al pleno desarrollo de la personalidad de los alumnos que debe complementarse con el desenvolvimiento emocional, lo que demanda un trabajo conjunto entre escuela y familia, donde lo fundamental es brindarles un mismo mensaje.

Como colegio no bajamos los brazos, porque somos conscientes de que no se trata de una tarea sencilla, por lo cual asumimos el desafío de facilitar algunas herramientas y continuamos apostando a estos encuentros que sabemos, no cambiarán el mundo, pero nos permitirán ampliar el panorama de cómo guiarlos y acompañarlos en su crecimiento día a día.

¿Por qué es importante que “papá” y “mamá” hablen siempre el mismo lenguaje? Porque se requiere un diálogo constante entre los progenitores en todo sentido, respetando las normas en casa, partiendo de las costumbres básicas empleando frases como: “POR FAVOR”, “PERMISO”, “GRACIAS”, “PERDÓN”. En definitiva, predicar con el ejemplo. Hacer nosotros lo que queremos que ellos hagan; porque los niños aprenden lo que ven, más que de lo que dicen los adultos. Si nos ven hacer a nosotros, a ellos les costará menos.

Preparar a nuestros hijos para la vida implica hacerlos independientes, nosotros somos sus guías y consejeros, pero no estamos para vivir por ellos ni complacerlos en todo. Y aquí es bueno que reflexionemos lo siguiente: si les hacemos todo y solucionamos cada situación, ¿Los estamos preparando para la vida en sociedad?…

Los niños perciben claramente y provechosamente los límites de sus derechos y los alcances de sus obligaciones, en las diferentes etapas de su crecimiento. Ellos necesitan y buscan normas, criterios, modelos claros en sus padres.

Los hijos necesitan cierto grado de disciplina, que no se opone a educar en la libertad ni el cariño, por el contrario, los ayuda a ser responsables, atentos y totalmente autónomos. El valor de la disciplina será la clave para alcanzar buenos logros en todas las etapas de crecimiento y les permitirá crear nuevos hábitos. Esta disciplina no consiste en regaños y castigos, sino en un mensaje coherente, firme y claro. Una disciplina mal entendida no genera respeto de los hijos hacia los padres.

Ejercer la autoridad de padres con cariño, estímulo, paciencia y firmeza, es aquí cuando cumple su función educativa para la formación de niños y jóvenes, para una vida adulta provechosa. Si se conjugan la ternura con la firmeza, se logra el orden y la armonía de la personalidad, estimulando las tendencias de integración social, a la vez que desanimamos las conductas antisociales.

La niñez bien orientada por los padres, es el primer gran paso en la búsqueda de la felicidad a lo largo de la vida y está determinada por un buen manejo de las necesidades y la abundancia de cariño, sabiendo discriminar lo imprescindible de lo superfluo. El esfuerzo responsable por educar con cariño, constancia y firmeza día tras día no es tarea fácil, pero es lo que producirá hijos maduros y los ayudará a ser felices.


 

Consejos para educar con firmeza a los hijos

– No prometas castigos si no piensas cumplir con lo que le dices. Tu hijo terminaría haciendo su voluntad, pues sería consciente de que al final nunca termina por recibir sanción alguna.

– Dale responsabilidades en función de la edad que tenga.

– El rigor continuo no es positivo.

– Evita estar todo el día encima de tu hijo. Confía en que hará lo que le encargues sin vigilarlo constantemente o atosigarlo con frecuentes recordatorios.

– También, es importante que reforcemos su voluntad, motivándolo positivamente (felicitándolo cada vez que consiga un pequeño éxito, animándolo cada vez que observamos un nuevo logro).

(Patricia Núñez de Arenas / HF / Adaptación)


Cuando se educa a un niño de entre 6 y 12 años, no basta con que sepa en todo momento que tiene que ser ordenado, sino que además, tiene que aprender a ordenarlo bien y, por encima de todo, a hacerlo por propia voluntad.

Equipo de Conducción – Nivel Inicial y Primario