Eduquemos para la Amistad

En el marco del Día del Amigo que celebramos en el mes de julio, es oportuno que reflexionemos sobre el valor de la amistad. Vivimos en un mundo convulsionado por la guerra, la crisis económica mundial que se va expandiendo a más países, ensanchando las brechas sociales entre países ricos y pobres, entre ocupados y desocupados, entre los que tienen acceso a una vida digna y los que ni siquiera logran necesidades básicas. En este mundo es donde creo, nos urge pensar en clave de, para volver a nuestra esencia como seres humanos.

El receso invernal es un tiempo valioso, donde la familia dedica más tiempo a los niños y jóvenes y es bueno poner toda nuestra atención en educar a las futuras generaciones en y para la amistad. La verdadera educación, además de transmitir conocimientos y habilidades, cumple la valiosa misión de formar integralmente, desarrollando todas las potencialidades, de modo que las personas sean capaces de lograr una convivencia social y armónica.

Una de las primeras claves, en esta misión de educar en amistad, es tratar de cultivar los vínculos interpersonales desde la confianza, que es la base de toda amistad. Tanto en la familia como en nuestra sociedad, necesitamos recuperar la confianza que nos permitirá vivir desde el respeto mutuo, donde podremos expresar nuestros pensamientos y puntos de vista. La confianza que se genera en el compartir, crea un ambiente amable y seguro, tanto en la familia como en los ámbitos de aprendizaje.

En medio de la desconfianza que marcan los vaivenes sociales, creo que necesitamos despertar confianza en nuestros niños y jóvenes, educándolos para que sean agentes de transformación. La confianza que se fortalece en la coherencia de nuestras acciones, en las relaciones interpersonales, en la familia, en las Instituciones. Esta confianza nos permite crecer en un ambiente de certeza y seguridad.

Una segunda clave de educar en la amistad, tiene que ver con el respeto a la diversidad. Es que el respeto a las desigualdades nos enriquece y las diferencias son oportunidades para seguir construyendo desde la individualidad de cada uno. Estamos rodeados de situaciones de intolerancia, tanto a nivel social, como dentro del seno familiar, lo que genera dolor y sufrimiento. La educación tiene el desafío de trabajar para lograr mejores personas, más alegres y amables, en lugar de conseguir que sean mejores que los otros.

Una tercera clave para educar en la amistad, también tiene que ver con nutrir al niño y joven en la amistad con Dios en la fe. Esta amistad con Dios se fortalece cada vez que nos acercamos a su Palabra con la lectura y meditación. Los momentos de silencio, escucha, oración personal, nos ayudan a crecer en la amistad con Dios. Ese encuentro de amistad con Dios y la entrega del corazón a Dios en la fe, nos regala el temple que necesitamos para vivir en alegría, paz y serenidad.

Que la celebración del Día del Amigo sea una verdadera oportunidad para conectarnos con nosotros mismos y con nuestro Dios para crecer en esta amistad. Y juntos logremos la transformación de nuestra sociedad que necesita una verdadera amistad que nos una y fortalezca como personas y comunidades.

¡Felicidades y bendiciones para todos, en el Día de la Amistad!

P. Juan Rajimon svd
Representante Legal