El corazón de Jesús nos llama a vivir desde el amor

Estamos finalizando el primer semestre y próximamente disfrutaremos del merecido descanso del receso de invierno. Culminando esta primera etapa de actividad escolar, quisiera reflexionar en torno al mes del Sagrado Corazón de Jesús, poniendo en sus manos la tarea educativa que compartimos desde el amor y la entrega.

El mes del sagrado corazón nos llama a pensar en el amor que Jesús tiene por la humanidad y por cada uno de nosotros en particular. Es una oportunidad que se nos brinda para contemplar la vida en clave de amor, conservando un corazón amoroso, como nos anima la devoción del Sagrado Corazón de Jesús.

Esta devoción nos invita a vivir al estilo del mismo Maestro, entregando y compartiendo con generosidad y humildad, todo lo que somos y tenemos. Nos llama a transformarnos para ser personas llenas de amor para compartir, especialmente con aquellos que más carecen de amor sincero.

Vivir en clave del amor nos lleva a reconocer que la vida humana es fruto del amor y es un don precioso que hemos recibido gratuitamente. Por eso, la primera actitud que debemos tener es vivir como personas agradecidas, agradecidas a Dios en primer lugar, y también a tantas personas que entregan desinteresadamente su tiempo, sabiduría, dones y talentos para que el amor se multiplique en obras concretas.

Damos gracias a Dios por nuestros docentes que se donan por entero a la tarea educativa, viviéndola desde el compromiso y vocación verdadera. Damos gracias por los padres que acompañan nuestra misión desde una mirada comunitaria, sin pensar en el bienestar sólo de cada hijo/a, sino de la comunidad en su conjunto.

Agradecemos por nuestros alumnos, los que se entregan a un ritmo de estudio serio y comprometido, además de ser partícipes en tantas actividades solidarias que los acercan al otro, a quienes los necesitan.

Recordemos que el amor de Dios que se ha puesto en nuestros corazones, no debe quedarse como un don que se mezquine, sino que nos fue entregado para compartir y darse generosamente. Así como el Padre entregó a su único Hijo por amor a nosotros, cuando la entrega en lo que se hace es por amor, la vida se multiplica: en la familia, en las instituciones, en las comunidades y en el mundo entero.

Damos gracias a Dios por el amor compartido y celebrado en esta misión.

Deseamos que el receso de invierno que se acerca, sea una oportunidad para compartir y disfrutar con los seres queridos, llenarse del cariño y los afectos de la familia.

P. Juan Rajimon svd
Representante Legal