El recuerdo y un hasta siempre, José Carlos Prado

Sr. José Carlos Prado

Después del Padre Francisco Wessling svd, posiblemente sea yo, Padre Romano, quien haya tenido mayor tiempo y trato en el Roque, con el Señor Prado. Por eso, evocar su figura, me es un grato compromiso.

Al llegar al Colegio Roque González en el año 1961, el Sr. Prado ya estaba trabajando hacía 13 años en el Colegio. Él formó parte de los primeros maestros laicos que fueron forjados según la mente de los fundadores.

Cómo el Sr. Prado llegó al Colegio, me lo contó el mismo Hno. Martín, que forma parte de una de las columnas de fundadores. Él fue comisionado para buscar un buen maestro. Personalmente fue a la Directora de la escuela Normal y le pidió el mejor de la promoción. Ella no dudó un instante y señaló al Sr. Prado. Lo comprobamos después al revisar el legajo del Sr. Prado en la secretaría: promedio general de los primeros años 9.20 (datos en secretaría) y diez absolutamente en los años de especialización para la docencia.

El Sr. Prado se inició como maestro de grado. Ingresó el mismo año (1947) que el Sr. Mühn, con quien ha trabajado y tuvo como gran amigo por muchos años.

Además de las tareas escolares como Maestro, se dedicó a tareas paralelas en la que sobresalió como en su dedicación al deporte, música y canto, y gracias a su actuación, el Colegio sobresalió en dichas disciplinas. Fue campeón en Básquet en 1961. En música fue eximio pianista y director del conjunto musical del Roque en la iniciación del Festival del Litoral, sin mencionar muchas otras actuaciones destacadas.

Su actuación en todo el espectro escolar fue siempre más visible y destacada, y merece especial mención un informe altamente elogioso del inspector de la SNEP de Buenos Aires, acerca de su actuación en los grados superiores de la Primaria.

Al Padre Francisco Wessling no le pasó inadvertida la calidad del Sr. Prado. De director de la sección Primaria fue promovido a la sección Secundaria. Aquí ocupó sucesivamente todos los cargos directivos, hasta ser nombrado Rector del nivel Secundario. En cuanto el Padre Francisco Wessling, se jubiló y se ausentó a Alemania.

El Sr. Prado fue el primer Rector laico después de la serie de Rectores religiosos que ha tenido el Roque. Este compromiso lo tomó muy a pecho y buscaba a alguien del “Dueño” (la Congregación del Verbo Divino), que estuviera a su lado para asistirlo en lo referente a la parte religiosa. Al respecto, recuerdo que terminando mi mandato como Rector de Fátima, no pensaba regresar al Roque, el Sr. Prado vino personalmente a Fátima y terminó por convencerme, y fue así que volví al Roque.

Comenzaron entonces, muchos años de estrecha colaboración, donde interiorizábamos perfectamente y compartíamos muchas penas y alegrías, esas que depara la complicada marcha de un Colegio como el Roque.

También fueron años de muchos y grandes cambios, ya sea en el aspecto religioso (Vaticano II), como en la orientación y la vida juvenil de cada día. Parecía que se presenta el gran cambio, que significaría la era informática y el advenimiento del colegio mixto.

El Sr. Prado fue buen compañero con sus Colegas como con los alumnos. Dentro del Colegio eran normas sagradas la disciplina y el orden: silencio en las filas y bien ordenaditas, el pelo corto que no debía “subir” el cuello del saco o de la camisa, el aliño personal y los buenos modales. Todo esto no era tarea demasiado fácil, teniendo además en cuenta la picardía de los muchachos.

Llegó finalmente la era informática que invadió y revolucionó todo. El Colegio fue pionero en esto y ofreció al personal facilitar el ingreso al nuevo orden de cosas. Al Sr. Prado, que entre tanto ya se había jubilado, no le entusiasmó este giro que daban todas las cosas, especialmente en administración y secretaría. El colegio conociendo su valía y sabiendo la diferencia del titular y del jubilado, después de su jubilación, le ofreció tareas en administración. Fue en este tiempo en que lo vimos en ese sector durante muchas horas extras, a veces hasta altas horas de la noche, sentado tras la enorme planillera “tipiando” los sueldos para que los colegas cobren en tiempo. Esta era una tarea invalorable, que pasaba muchas veces desapercibida para la mayoría.

El tiempo en que desapareció la máquina de escribir para dar lugar a la computadora, fue el momento que el Sr. Prado se desconectó con todo lo que fue el mundo de la escuela, el colegio y todo lo que involucraba en el mundo de la enseñanza y aprendizaje.

Ese adiós al Colegio del Sr. Prado fue total, aunque hubiésemos querido y nos hubiésemos sentido honrados con su frecuente presencia, fueron contados los acontecimientos en que volvió a participar.

Quiero dejar constancia que en el alejamiento del Sr. Prado de la actividad del Colegio no hubo ninguna nota discordante, ni en el ámbito del Colegio, ni de los ex alumnos. Eso era el Sr. Prado: cumplir todos los compromisos, estrictamente hasta el final, para luego desaparecer y dar lugar al reemplazante y dejar a este en entera libertad.

Desde entonces, si se quería ver al Sr. Prado había que ir al “Bar Español” donde sin falta se encontraba con sus amigos para el cafecito; o también se lo encontraba en el supermercado California, hacia el mediodía, buscando su almuerzo.

Con la partida del Sr. Prado culmina para la historia del Colegio Roque González una etapa vivida con grandeza, digna de un recuerdo perenne, que no se ha de olvidar nunca.

El colegio lo tendrá en su galería de personajes destacados como un regalo de Dios que agradeceremos siempre, y servirá de estímulo y aliento en los momentos difíciles de cambio.

P. Romano Hentz svd

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