El valor del reencuentro con la vuelta a las clases presenciales

Después de casi doce meses de aislamiento social y preventivo, estamos iniciando una nueva y crucial etapa en la vida social, al iniciar el ciclo lectivo 2021 con las clases presenciales. Es una gran oportunidad para agradecer a Dios y celebrar la apertura de este nuevo ciclo escolar. A pesar de los desafíos, que seguramente hemos de afrontar como sociedad, este retorno a las aulas nos llena de esperanza, ánimo y entusiasmo. En este día es oportuno que reflexionemos sobre el valor de la formación integral de nuestros niños y jóvenes, para ayudarlos a enfrentar las situaciones adversas de la vida, como lo hemos experimentado con la pandemia del Covid-19.

En primer lugar, para este regreso, el espíritu que debe reinar en nuestro corazón es de alegría y gozo, al poder volver a las aulas y al reencuentro de personas, es decir la tan apreciable socialización. En este sentido, la escuela constituye uno de estos lugares de encuentros significativos, lleno de aprendizajes valiosos. Una de las enseñanzas más provechosas que nos ha dejado esta pandemia, es el valor de la misma educación y la escuela en la vida de nuestros niños y jóvenes. Hemos comprobado en este tiempo que “educación” no sólo es adquisición de conocimientos teóricos, sino tiene que ver con la construcción de conocimientos y aprendizajes que se adquieren juntos, como comunidad. La presencia de unos y otros nos enriquece, nos fortalece, nos forma y nos enseña.

Todo aprendizaje es un proceso de desarrollo integral de la persona, del niño y el joven. La escuela marca ese ritmo de este crecimiento, aportando el orden, la disciplina, la rutina, lo que permite la apropiación de las buenas costumbres como la puntualidad, buen hábito de sueño, alimentación, lectura, actividad física, que permite el desarrollo psico-emocional de nuestros niños y jóvenes.

La educación es un proceso en el que todos somos partes esenciales y transitamos un permanente proceso de aprendizaje: los niños y jóvenes, en la adquisición de nuevos conocimientos; las familias, en el acompañamiento a sus hijos en los cambios que van viviendo; y la escuela, que participa en un permanente proceso de adaptación y aprendizaje para enfrentar los diferentes desafíos educativos. Los nuevos formatos de enseñanza-aprendizaje, nuevas formas de compartir la vida, la tolerancia que necesitamos ante los imprevistos e incomodidades, nos ayudan a desestructurarnos y a formarnos para una mayor comprensión en la vida.

La Conferencia Episcopal Argentina, ante la apertura de las escuelas, nos anima recordando que el encuentro de las personas, maestros y alumnos, permite aprender las grandes virtudes sociales como “la solidaridad, el respeto por el otro, la paciencia, la tolerancia, el compartir, es decir, sin dudas es necesario un ámbito de encuentro de las personas. Es que la escuela, no sólo brinda conocimientos, sino que forma personas para que puedan integrarse plenamente a la vida de la sociedad”.

Que celebremos con alegría la pasión y entrega generosa de tantos educadores, docentes y no docentes de nuestra sociedad, la ilusión y la alegría de nuestros niños y jóvenes, la creatividad, el sacrificio, el esfuerzo, pero especialmente, pongamos nuestra confianza en Dios, lo que nos ayudará a superar todas las adversidades de este inicio tan esperado de las clases presenciales.

Los animo a iniciar este nuevo ciclo lectivo, con la bendición de Dios, como lo encontramos en el Antiguo Testamento: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Num 6,24-26).

P. Juan Rajimon svd
Representante Legal