Estructura psíquica de la Globalización

Reflexiones elaboradas del tema desarrollado por el Padre Benjamín (“Yiyo”) Barrios SVD, en la charla que nos ofreciera en la Capilla del colegio el 16 de julio.

Primeramente realizó el Padre Yiyo una presentación de su trayectoria misionera por distintos lugares del mundo, recordó su humilde origen como miembro de una familia posadeña del conocido Barrio “Tiro Federal”, oportunidad en la que de alguna manera rindió homenaje a quien fuera el Consejero Espiritual de aquel travieso niño: el Padre Fabiano de la “Capilla San Roque” y quien, seguramente, tuvo algo que ver en el despertar de su vocación para la vida religiosa-sacerdotal.

A medida que avanzaba el desarrollo de la charla fue propiciando a la reflexión de cómo la globalización del tiempo actual influye en las personas, en su estabilidad emocional, espiritual, social; cómo el perfil de la crisis no afecta sólo al ámbito de lo económico sino que es una crisis de valores, y este perfil de la globalización a nivel universal también se identifica con una estructura psíquica.

Me impactaron tres aspectos de esta exposición que tuvimos posibilidad de compartir.

El primer reconocimiento que ha hecho el padre referido a nuestro país cuando expresó que hoy “Argentina está por debajo del tercer mundo”.

El segundo reconocimiento correspondió a una mirada hacia el interior de un país hermano: “En Brasil hay nueve países”.

El tercer aspecto referido al vislumbramiento de “Un Hombre nuevo y una Mujer nueva”.

¿Por qué me impactaron estos tres puntos de su presentación? Porque las tomé como un llamado de atención y fue lo que me llevó a realizar estas reflexiones que hoy quiero compartir.

Respecto a la primera apreciación, “Argentina hoy, está por debajo del Tercer Mundo”, es verdad, la crisis que nos afecta actualmente, como país, como Estado, como sociedad, no es sólo consecuencia de un modelo de globalización neoliberal instalado en el mundo, sino que a ello debemos sumar un modelo de conducción política de nuestros pueblos, carente de valores éticos. Y ello atenta contra la dignidad humana cuando, sin pesar, los gobernantes reconocen, desde análisis sociológicos y datos aportados por estudios estadísticos, que la pobreza se extiende cada vez más a sectores afectados por la falta de un trabajo digno y estable, con lo que ésta adquiere otros matices. Ya no se trata solamente de la carencia económica, sino también de la posibilidad de acceso a la cultura, a la educación, a la salud, a la seguridad social.

Este estado de indigencia de tantas familias conlleva al descreimiento porque se justifica la marginalidad. Nunca me hubiera imaginado que estaríamos hablando de nuevos pobres o de grupos identificados como los NBI (personas con necesidades básicas insatisfechas) en un territorio al que la naturaleza le ha dotado de tanta riqueza potencial para que nadie padezca hambre. Reflexionar sobre esta realidad duele y molesta, porque no hemos soportado ninguna guerra pero estamos peor que si la hubiésemos padecido; duele y molesta porque a costa de la marginalidad, la desocupación y el hambre de tantos, unos pocos inescrupulosos se enriquecieron más y más.

Nos han quitado el producto de nuestro esfuerzo de trabajadores, pero no nos quitado la esperanza de que mundo puede cambiar para mejorar, no nos han quitado la fe en la justicia y Misericordia Divina.

Segunda apreciación: “En Brasil hay nueve países”.

Dentro de la extensa superficie territorial del hermano país, el P. Yiyo hizo referencia al fenómeno de la multiculturalidad étnica, social, lingüística, ideológica, religiosa que caracteriza a la idiosincrasia del pueblo brasileño, en el sentido de que es posible convivir con otras tradiciones, comunicarse a través de otros idiomas como una expresión de universalidad cultural y espiritual. Encontré alguna aproximación a nuestra identidad regional, donde también hallamos una diversidad de grupos étnicos con sus rasgos propios de tradiciones, lengua, creencias, y pensaba qué bueno es poder reconocer que todos aportaron algo para la construcción de nuestras comunidades.

Tercera apreciación. Reconocer que estos tiempos, a pesar de las incertidumbres y del avasallamiento, nos invitan a dar vuelta la mirada hacia nuestra propia interioridad y tratar de descubrir que hay un Hombre Nuevo y una Mujer Nueva, que comienzan a despertar, con la fuerza de la fe, de la esperanza, del vigor de un tiempo nuevo que lo podemos construir desde nuestra propia energía interior, aprendiendo a administrar nuestro tiempo, a controlar nuestras emociones para que la vorágine de lo cotidiano no nos arrastre y destruya, y a prestar más atención a los cambios estructurales para que de la crisis sobrevenga un período de vida nueva.

Alba Solís López