Fracaso educacional

No cabe duda de que los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos. Y cuando esta educación falla, es difícil que la escuela o la catequesis la puedan suplir. Y una de las cosas en las que veo que fallan muchas veces en la educación es en prepararles a sus hijos para la vida, que quiere decir, entre otras cosas, que hay que prepararles para afrontar el sufrimiento o la frustración. (El sufrimiento puede ser una enfermedad, o un fracaso, o reconocer los propios límites, el esfuerzo que se precisa para el trabajo o el estudio…)

Al respecto, me pareció interesante esta homilía que nos hizo llegar un Padre jesuita colombiano, con ocasión de la fiesta de la Sagrada Familia. Parte de la anécdota de una señora que vino desesperada porque ya no sabía que hacer con su hijo. Dice así:

“No sabemos qué le pasa. Es de una rebeldía total. Parece incluso que nos odia a nosotros, sus padres, que se lo hemos dado todo… El sacerdote les contestó: “Este es el problema, que se lo han dado todo…” Es lo que les pasa a muchos padres modernos, que creen amar a sus hijos y educarlos, cediendo a todos sus caprichos, colmándolos de regalos, y evitándoles el menor sufrimiento. (…)

La capacidad de sufrimiento de esos muchachos es nula, porque nada les ha contrariado en la vida. Cuando llegan ciertas contrariedades, cuya solución no se encuentra en regalos o cosas materiales, se desesperan y se ponen tremendamente agresivos.

Se dice que el hombre es un aprendiz, y que el sufrimiento es su maestro. La misma Biblia dice que: “El que no ha sufrido, ¿qué sabe?” No sabe nada. Amar a los hijos mediante concesiones y consentimientos, (nunca decirles un NO), es hacer de ellos unos seres débiles, que serán tiranos de los demás y esclavos de sí mismos. Resumiendo: Denles el gusto en todo y harán de ellos unos inútiles, y el día de mañana les maldecirán a ustedes, casi con todo derecho.

O bien sufran ustedes por dentro, pongan límites. Háganse fuertes y les harán a ellos fuertes. Y un mañana más o menos próxima o lejana se lo agradecerán. Y Vds. no habrán vivido en vano. (Hasta aquí el jesuita colombiano). Y termina diciendo que la misma Virgen María y San José le retaron una vez a Jesús por un comportamiento “humanamente” incorrecto, cuando se quedó tres días en el templo sin avisarles a ellos. “¿Por qué nos hiciste esto…?” (Lc.2,48). Aunque ellos no entendieron la respuesta, pero no se quedaron callados ni aplaudieron aquel proceder “humanamente” incorrecto. Fue un reclamo tranquilo, como debe ser siempre cuando nace del amor, pero firme.

Sería bueno que aprendamos esta lección nosotros los padres y educadores: Que el verdadero amor es capaz de enseñar el valor del sufrimiento y la frustración, con el que se forman seres humanos capaces de enfrentar las circunstancias adversas de la vida, que a todos nos tocan alguna vez.

Joaquín Piña Batllevell
Obispo Emérito de Iguazú

Fuente: Diario «El Territorio»