¿Qué sentimos? ¿Cómo estamos? ¿Qué necesitamos?

La enseñanza de la educación emocional en las escuelas como una estrategia educativa de promoción de la salud, tiene por objetivo mejorar la calidad de vida de las personas a partir del desarrollo de habilidades emocionales; de una forma programada, vertical y transversalmente donde participan niños, niñas, jóvenes, docentes, padres y madres.

Abocados a esta actividad, surge el hecho inusitado (la pandemia) de características globales, donde se ponen en juego la salud y la vida de las personas modificando sustancialmente la vida escolar y social que toma un giro, si se quiere impensado; el tener que dar y estar en clases desde los hogares. Tiempo de incertidumbre donde se han cambiado los espacios y las técnicas de enseñanza aprendizaje.

Esta situación que al comienzo puede haber sido novedosa para los niños poco a poco se va desgastando ya que la posibilidad de quedarse en la casa va generando también un desgaste en las relaciones como consecuencia de la incertidumbre que genera este problema global, intoxicados ante tanta información, fuentes de trabajo y recursos comprometidos, accesibilidad a los medios tecnológicos de modo dispar. Hago esta descripción para concluir que las situaciones no son las óptimas.

Hecha la introducción, como docentes y padres en esta situación extrema debemos acordar para que juntos podamos contener a nuestros niños, y afianzar el vínculo entre familia y escuela; si bien es necesario garantizar la educación de cada uno, la situación en cada hogar es dispar; y se ha convertido en escuela, por lo que hoy más que nunca, el docente debe acompañar emocionalmente a los niños y esa emocionalidad debe ser retribuida por la familia.

No es ahora el momento de la optimización de la enseñanza y el aprendizaje. El querer cumplir con los tiempos, el desarrollo de los contenidos, ya sucederá con la presencia de los niños y niñas en la escuela.

¿Qué enseñar? ¿Cómo enseñar?

Presentada la situación pensemos en las respuestas a nuestras preguntas que en definitiva son las que nos hacemos los docentes en todo momento, pero hoy más que nunca estas respuestas deben estar pensadas en función de los alumnos , a los que primero debemos explicarles la situación que estamos viviendo y el por qué permanecer en las casas como una forma de cuidarnos entre todos, resaltar que es una forma de cuidarnos, que cada uno depende del otro sacando como conclusión que si todos obedecemos pensando en el bien común, salimos beneficiados, es una muy buena oportunidad para sacar en claro que si seríamos obedientes en las normas de tránsito no habría tantas muertes fatales, si fuéramos obedientes ecológicos no tendríamos tantos desastres naturales,  o si obedeciéramos a los métodos de prevención no tendríamos los dolores de cabeza que tenemos. El cuidado como una forma de impartir respeto, el respeto natural que surge cuando me siento cuidado, el niño debe sentirse cuidado aprendiendo a respetar.

Dicho esto, no estamos diciendo que no haya que hacer nada, si hay mucho por hacer desde lo emocional, a todas las situaciones de incertidumbre nos genera angustia por una cuestión instintiva, nuestro cerebro busca sobrevivir, el cerebro tiene que tener la sensación de que controla la situación. Por eso es tiempo de la contención emocional.

Favorezcamos el aprendizaje de acuerdo a los intereses de los niños por lo cual podemos realizar encuestas para luego adaptar los contenidos a esos intereses, y despertar la curiosidad para incitar a la investigación de forma autónoma, tener en cuenta los logros  y responder con afecto, utilizar el sentido del humor, valorar procesos, y sobre todo interesarnos por lo que sienten, actividades donde desarrollen la imaginación, y el uso de metáforas , meditación, construcción de hábitos con horarios de lectura, cuidado de la salud, recreación, colaboración en las tareas hogareñas, orden. En este tiempo tenemos que administrar el tiempo y cuidar lo emocional.

Hay diversos canales de comunicación, como docentes de un día para otro nos hemos tenido que volcar a lo virtual, herramientas que eran periféricas a la educación hoy toman la centralidad, lo curioso es que hace solo veinte años estas aplicaciones no existían: Wikipedia, Facebook, Skype, Youtube, Spotify, Netflix, Twitter, Instagram, Wattsap, Tinder, Pinterest, Classroom, Zoom, Tik Tok y otras. Al tomar protagonismo y sabiendo que los adolescentes manejan algunas de estas herramientas aprovechemos para generar información creatividad, búsqueda, comunicación y también una forma de que ellos expresen sus emociones estados de ánimo en forma grupal o individual aprovechando la virtualidad y dejando abierta la puerta para aquel que necesite decir algo que lo angustia y se lo cuente al docente de confianza en privado.

Enseñemos a nuestros niños y jóvenes a disfrutar el tiempo presente, esto les brindará seguridad para el futuro. Desde la premisa que somos seres emocionales que razonamos es necesario dar una vuelta de tuerca a nuestra labor escolar para poner en juego lo que ellos realmente necesitan, no perder un segundo su emocionalidad, como tampoco las de los docentes, advirtiendo que es lo que provocamos en el acto de enseñar.

Desarrollemos en los niños un pensamiento estratégico, que le permita su autonomía, para explorar el mundo del conocimiento y los sentimientos, y cuando sea necesario volver al apuntalamiento del docente, en todo este trayecto de ida y vuelta se ponen en juego la asertividad, la empatía, la voluntad, la autonomía, la autoestima, el razonamiento y la creatividad.

Por Carlos A. Sigvardt. Licenciado en Educación. Vicepresidente de la Fundación de Educación Emocional.

(Fuente: Consudec)