Tiempo de cosecha: Carlos Nunes Velloso

Cada ser humano es único y por lo tanto su presencia es irreemplazable, sus palabras, sus gestos, sus sentimientos, sus alegrías, sus dolores, sus acciones dejan huellas imborrables que el tiempo enmarca en una sutil evocación.

Después de más de veinte años de estar en estas aulas, caminar estos pasillos, participar de reuniones generales y de departamento, de estar con los alumnos en el Laboratorio de Química, se aleja de nuestra Institución, deja nuestro colegio el Ing. Carlos Nunes Velloso, para jubilarse.

Todos los que compartimos con él algún tiempo, unos mucho y otros poco, podemos dar fe de su responsabilidad, de su compañerismo, de sus ganas de solucionar, de su presencia muchas veces silenciosa en las reuniones de Departamento, su gesto complaciente cuando (en otros tiempos, no muy lejanos) se le planteaban cuestiones como la jefatura de Departamento, por ejemplo, su mirada cómplice cuando le decíamos: “¡Tito, te vamos ayudar, pero tenés que ser el jefe del Departamento! Entonces todos los integrantes del mismo asumíamos una tarea pero era él la cabeza visible, que asistía a reuniones y recibía “comentarios buenos o malos”.

También recordamos su fortaleza y buen humor, cuando el dolor de su enfermedad agazapada lo acechaba, su sonrisa y afecto silenciaban su expresión de dolor.

Gracias Tito por tantas vivencias compartidas, que serán recuerdo permanente de esta comunidad educativa.

Prof. Miguel A. Mac Gann

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Palabras de despedida

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Es para mí un honor estar frente a ustedes para hablar de un colega y amigo, así que agradezco la generosidad de aquellos que me distinguieron con esta oportunidad de recordar juntos, momentos imborrables que hemos vivido a lo largo de mas de 20 años. Es por ello que hoy me escucharán hablar de un excelente ser humano.

Querido profesor, colega, amigo, cómo resumir en estos minutos tu entrega académica, generosidad, tu paciencia, tus acciones desinteresadas y tu acompañamiento a lo largo de estos años.

Fue allá, por el año ’88, en donde el Roque González, cruza nuevamente nuestros caminos y fue así como pasé de ser tu alumno, a colega; y a partir de ese momento, diste prueba de tus cualidades de buena persona, por que desinteresadamente supiste acompañar y aconsejar a quien recién empezaba en esta, difícil pero muy gratificante tarea de enseñar, contagiando tu entusiasmo y vocación a quienes como yo te rodeaban. Algo que para algunos les resultara indiferente, y que hoy en día se olvidan que todos tuvimos un primer día como docentes. Todos sabemos lo difícil de pararse frente a un curso cuando uno es muy joven y ese apoyo, esa buena onda, esas palabras de aliento en el momento apropiado, resalta la calidad y calidez de algunas personas.

Pero no sería justo si dejara de nombrar a personas, que junto con vos, estimado Tito, hicieron mi andar en este querido Instituto más sencillo, así que también mi agradecimiento a: Padre Romano Hentz, Luis Cabañas, Eduardo Alegre, Elsa Barbaro De Coria, Eduardo Sisto, Graciela Valdemarin, Norma Lía Vieira De Rolón.

Han pasado más de 20 años de compartir gratos momentos, mesas de examen, ¡con Graciela, te acordás, Tito! ¡Si habremos pasado toda la mañana adentro de un aula por el batallón de alumnos de Graciela!

Las reuniones de Departamento, las horas de laboratorio, las despedidas de tantas promociones, los festejos de tantos días del Docente ¡como hoy! En estos 21 años de paso por el Roque.

Sabés algo, Tito, si no me hubieran elegido para estar aquí hablando de vos, hubiera levantado la mano, cuán alumno que preparó su lección para un 10, para decirte: ¡qué suerte tuvimos de conocer a un tipo macanudo que deja su huella imborrable en este colegio, que nos contiene a tantos que como nosotros hemos entregado parte de nuestras vidas y que nos recompensa en cada ¡hola Profe! que recibimos a diario…

Ingeniero Magister Carlos Nunes Velloso, Tito para los amigos. Hoy en nuestro Departamento y en la Sala de Profesores dejás una silla vacía, pero es sólo eso: “una silla”, tu lugar siempre estará en el corazón de cada uno de nosotros.

Estimado amigo y colega, como te lo ha dicho nuestra amiga Norma Lía, que disfrutes ese tiempo de cosecha que te toca vivir y levanto mi copa, y los invito a todos ustedes a agradecer a Dios por tantas vivencias compartidas, que serán recuerdo permanente de esta comunidad educativa…

¡Hasta siempre y larga vida!

Miguel A. Mac Gann